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Sigo siendo un gran fan del proyecto Pi-hole.
En mi configuración, Pi-hole funciona 24/7 y hace básicamente de servidor DNS personal. Es decir, se encarga de toda la resolución de nombres de dominio de mi red: cada petición que sale hacia internet pasa por él.
Las peticiones legítimas pasan sin problema, pero todo lo que se parezca mínimamente a publicidad, rastreo o telemetría sospechosa queda bloqueado al instante. Imagínatelo como un bloqueador de anuncios ligero para toda la red, con un poquito de carácter.
Hoy he echado un vistazo a las estadísticas y son bastante impresionantes: de media, alrededor del 25 % de todas las peticiones salientes se bloquean. Una cuarta parte de todo el tráfico, ¡esfumada!
También tiene gracia ver los patrones de uso. Por ejemplo, ayer entre las 21:00 y las 22:00 hubo un pico bastante llamativo: está claro que había en marcha alguna «sesión informática privada» nocturna 😄
Si tienes en casa algún pequeño dispositivo encendido todo el tiempo (un miniservidor o algo parecido, no tiene por qué ser una Raspberry Pi), te recomiendo muchísimo instalar Pi-hole. Dicho esto, una Raspberry Pi sigue siendo una opción perfecta y de bajo consumo para este tipo de tarea.
Además, hace poco se hizo pública una vulnerabilidad de seguridad crítica en Pi-hole, por eso he actualizado hoy mi instalación. Me sirvió de excusa para revisar otra vez las estadísticas: siempre da gusto ver que tu configuración hace su trabajo.
(Adjunto captura del panel de hoy.)







